Intervención de Jorge Rodríguez Padrón en la presentación de Borges como oxímoron

Quisiera decir algunas cosas acerca de la colección Sobreescritos, en la cual ha visto la luz el Borges como oxímoron de Federico Nogara, hace apenas unas semanas. Creo que debo hacerlo así: esta colección es una criatura apenas recién nacida, y viene de lugar tan distante del territorio nacional, que necesita aún ayuda para andar sola por estos mundos de Dios. Sobreescritos -pueden comprobarlo ustedes- quiere ser una aportación singular para el ensayo y la prosa crítica en lengua española, pues en ese ámbito busca sitio con la pretensión de dejar en evidencia tanto la habitual forma revesada y académica del primero como la simpleza y vulgaridad de la segunda, limitada a reseñas prescindibles, con fórmulas expresivas repetidas hasta la saciedad, y que son por ello intercambiables: da igual de qué autor o de qué libro se hable...

Desvuelo al sur

Gustavo Esmoris

Tarea de todo poeta es, entre tantas otras, llegar al límite mismo entre luces y sombras, sin extraviarse en el intento. Con un encendido manejo del lenguaje, elevado y lleno de imágenes, Héctor Rosales logra esto y más, sin perder la altura imprescindible para la creación, encontrando en cada caso el movimiento exacto a partir del cual incorporar ciertos cables a tierra, desde donde deslizarse a los lugares extraviados. Atado a un viaje pendular que comienza en la memoria oral de los inmigrantes, y del cual termina formando parte activa, Rosales pinta, desde su exilio, –como juego de espejos, como metáfora de lo perdido– una aldea global que nace desde múltiples direcciones opuestas entre sí, construidas para (y por) dos generaciones destinadas –a su pesar– a completar la circunferencia de un permanente forcejeo entre pertenencia y separación. Se ven serios juegos de sonidos y voces, tratando de exponerse “al menor mar posible”. 

Reseña de “Regreso al desconcierto” de Federico Nogara

José Membrive


Puede decirse, generalizando mucho, que hay dos tipos de literatura: la literatura de evasión y la de indagación. La primera presupone que el lector está aburrido o harto de la realidad y necesita olvidarse de ella.  El escritor entonces utilizará una serie de recursos para sacar a ese lector de sí mismo y de su entorno: tratará de arrastrarlo tras una historia plagada de pistas falsas, o tal vez trate de impresionarlo con escenas de terror, sexo o extraterrestres. Es la literatura que trata de impresionar, externa, construida con un estudiado goteamiento de datos para enganchar con la trama. En este tipo de literatura el argumento suele marcar el ritmo y en función de la efectividad del argumento se organizan todos los elementos literarios. Esta literatura ha de ser verosímil.
La otra es la literatura de indagación. Un tipo de texto que en lugar de evasión te arrastra a la introspección, en lugar de alejarte de los problemas te sumerge en ellos y, en lugar de poner en situaciones complicadas a los protagonistas, es el lector el que suele verse implicado en la trama. El texto esboza las historias, va aportando datos y pistas para que quien lee escriba o reescriba su propia historia, a la luz o a la sombra de lo que va leyendo. A esta corriente literaria no le basta con ser verosímil: ha de ser, ante todo, auténtica, verdadera.

En esta corriente se enmarca la literatura de Federico Nogara y, por supuesto, este Regreso al desconcierto.